18/11/12

CAPÍTULO 3:


Todos los personajes de esta historia son ficticios, cualquier semejanza con la realidad es pura coincidencia.



Ro:

"Lo recuerdo perfectamente, era una mañana de otoño como otro cualquiera. Ese día había salido del instituto más pronto que de costumbre porque no me gustaba la clase de Plástica. La profesora era una maldita zorra que solo enseñaba su <<mejor cara entre las peores>> a sus favoritos.

Volvía a casa tranquilamente deseando un gran plato de arroz de esos que solo sabe hacer la mujer que vivía conmigo. Me encontré un gato negro. Me reí de él en su hocico. Yo no creía en las supersticiones, y si era un minino tan adorable mucho menos. Decidí adoptarlo en forma de burla hacia todas esas personas que sí creían.

Su nombre sería Hell.

Entré por la puerta de casa sigilosamente ya que mis padres estaban discutiendo. Otra vez. Me detuve detrás de la puerta para que Hell escuchase el ambiente en el que se iba a encontrar a partir de ahora.

-… harta, ¡harta te digo!

- ¡Yo no tuve la culpa!

Pensé que esta vez discutían porque al patán de mi padre se le había caído un plato, o algo por el estilo.

- ¡ESE MUCHACHO NUNCA DEBERÍA HABER VISTO LA LUZ!

- ¿CREES QUE NO LO SÉ? ¿CREES QUE LE QUIERO?

- ES DEMASIADO TARDE COMO PARA LAMENTARSE, NO NOS TRAE MÁS QUE PROBLEMAS.

Hell me arañó en la mejilla, y al acercar mi mano a la zona dolorida descubrí que la sangre no era el líquido que allí se encontraba. Lágrimas atravesaban mi rostro sin piedad y yo no sabía por qué. Debería de haberlo sabido. Hablaban de mí, sabía que no me querían, pero oírlo en voz alta dolía más de lo que me espera.

- ¡TODAVÍA HOY NO ENTIENDO POR QUÉ NACIÓ ESA CRIATURA!

Dejé caer al felino. Era verdad que los gatos negros daban mala suerte. Lo descubrí ese día.”








Llevaba ya un par de semanas en ese lugar. Cada día era igual al anterior y el siguiente sería similar a hoy.

Estaba comiendo un plato de pescado que olía fatal y que probablemente  tendría algún veneno dentro. Mi mesa era la más alejada de la multitud, con vista a la basura. Al menos no me había tocado comer en el suelo.

Tan concentrado me encontraba analizando el por qué del color de las papeleras que no me enteré del individuo que se acercaba a mí hasta que depositó la bandeja sobre la superficie de madera pintada.

Lo miré por el rabillo del ojo y me encontré al típico niño pijo que hace locuras para llamar la atención. O eso pensaba.

-¿No vas a decir nada? Te estoy haciendo compañía.

Simplemente lo ignoré y seguí degustando aquel veneno que tenía por comida.

-¿Me escuchas?
 
-¿Me dejas en paz?-Levanté la mirada hacia sus ojos.
 
-Anda, pero si habla.

Chasqueé la lengua y bajé la mirada hacia las patatas. No hubo más conversación hasta minutos después cuando se acabó su almuerzo. Se levantó y dijo:

-Me gustaría que fuéramos amigos. Me llamo Colate.

Se fue dejándome una sensación extraña por su trato.

Me estaba acabando el postre, un flan asqueroso, cuando sentí que alguien se volvía a acercar. Pensé que era el individuo de antes pero me equivoqué. Vaya si me equivoqué.

- Hola.- No pude hacer nada más que sorprenderme.
 
- ¿Qué haces aquí?
 
-¿No es obvio, hijo? Vengo a visitarte.
 
-¿Visitarme? No me vaciles.-Mi tono estaba cargado de pura ironía.

Me agarró por un puñado de cabello.
 
-Háblame con respeto, que por algo soy tu madre.
 
- ¿Ahora te acuerdas de eso? Es tarde. – Le sujeté del brazo que no hacía más que tirar de mi pelo.

- ¡Calla y escúchame, niñato! – Estaba elevando el tono de voz, y eso nunca suponía nada bueno.- Tu padre y yo nos divorciamos.

-¿AHORA? ME JODISTEIS LA INFANCIA CON VUESTROS GRITOS, ¿Y SE OS OCURRE SEPARAROS JUSTO CUANDO YO NO ESTOY? Muy bien. Eso está genial.-  Me giré impulsado por el odio. – VAMOS, APLAUDID TODOS A ESTA MUJER CON INSTINTO DE MADRE.

La gente empezó a fijarse en nosotros, algunos incluso se acercaban como si fuéramos un espectáculo de calle.

Me paralicé al notar su mano sobre mi rostro. Seguramente tendría sus dedos marcados durante unos días.

- ¡ESTÁS CHIFLADA!
 
- No cariño, eres tú el que está en este reformatorio.

Yo sí que me volví loco en aquel instante, sintiendo la sangré hervir como nunca. Me preparé para devolverle el golpe, pero una mano fuerte y segura lo evitó. Lo vi de refilón, otra vez. Era el tal Colate.



 

Iloveny:


“Por alguna extraña razón los libros de Biología se me habían olvidado aquella mañana. Cuando la gruñona de la profesora se enteró no le hizo mucha gracia, aún así me hizo sentarme al lado de Daniela. Una vieja amiga a la que todavía no era lo suficientemente fuerte como para mirarle a los ojos. Teníamos un pasado doloroso en común pero aún así yo no era capaz de odiarla. La culpa no era suya. Aun que en realidad nadie tenía la culpa.

Me sonrió con incomodidad, seguro que ella sentía lo mismo que yo. Le devolví una pequeña sonrisa  forzada y me centré en las moscas que había en aquella aula. Era lo más divertido que podía hacer."

 

Por fin sonara la alarma que daba el fin de aquellas tormentosas clases y no tardó en aparecer la avalancha de adolescentes con las mismas ganas de desaparecer de allí que yo.

Estaba bastante mosqueada porque la profesora al final me había mandado una nota no muy bonita hacia mis padres. Que si su hija pasaba de todo, que si no hacía los deberes... La biblia en verso.

Quería acabar con alguna vida y en ese momento apareció la víctima perfecta. Emma.

Le pasé un brazo por los hombros y la atraje hacia mí amistosamente.
 
-Hola, querida Emma. ¿Te apetece jugar a un juego? Si ganas te doy pipas, y mira que son sagradas.
 
-Déjame.
 
-No deberías haber dicho eso. –Le metí un rodillazo en el estómago- ¿Qué? ¿Sigues sin atreverte?
 
-Maldita zorra, ¡suéltame!

Me enfadé muchísimo. Aquí era ella la perra. Ella se había acostado con el novio de otra. Lástima que fuese mi novio.

Empezamos a pelearnos como nunca en mi vida. Para empezar, ¿qué hacía ella allí parada? La respuesta llegó en forma de Charlie con un helado Kalise en mano. Habían quedado al salir. Eso me enfureció todavía más, ya que él nunca vino a buscarme al final de clases, y empleé más fuerza si eso era posible.

-QUIETAS LOCAS. –Me pareció escucharle gritar. Muchacho estúpido, lo mataría a él también.

Dejé de lado a Emma y le grité:
 
-LA CULPA ES TUYA POR HACERME CREER QUE ME QUERÍAS.

Se acercó, me trató de lunática al posar una de sus sucias manos en mi hombro, y me confirmó lo que yo ya sabía.

-Iloveny. Yo nunca sentí nada por ti, solo te quería para tener sexo. – Sigilosa, le quité el Kalise y se lo estampé en la cabeza.

-Maldito cabrón bastardo hijo de puta. Personas como tú no merecen vivir. – Dije serena. Entonces con todas mis fuerzas le metí otro rodillazo en sus partes nobles. Si seguía así acabaría por dejarle sin descendencia.

Alguien me abrazó con fuerza por detrás y me llevó lejos de allí. Me susurró:
 
-Tranquila, todo irá bien.
 
Era Daniela.



 Para Iniesta, por las risas al escribir sobre el Kalise.